Llevo más de 15 años escribiendo código. Luego llegaron los bots y empezaron a escribirlo más rápido de lo que yo jamás podría.
Por un momento me dio miedo. Luego me cayó el veinte: el código nunca fue el producto. El código era solo el recibo.
Lo que la gente compra en realidad, lo que siempre ha comprado, es tiempo. El dueño de un negocio que contrata a un desarrollador no está comprando PHP. Está comprando de vuelta sus tardes. La startup que paga por software no está comprando software. Está comprando velocidad: semanas de su vida, de regreso.
Hoy cualquiera puede aprender a programar. Carajo, hasta los bots programan. Pero alguien tiene que decidir qué construir, por qué importa y si está bien hecho. Alguien tiene que apuntar la máquina hacia un lugar que valga la pena. Eso no es teclear. Eso es criterio: experiencia más buen gusto, comprimidos en decisiones que le ahorran tiempo a todos.
El dinero va y viene. El código se reescribe. El tiempo solo avanza en una dirección.
Gástalo bien. O contrata a alguien que lo gaste bien por ti.
Juan Carlos Tamayo